SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El presidente Danilo MEdina no tocó el tema del gran
déficit fiscal. Y realmente no podía hacerlo pues ese déficit fiscal está
motivado principalmente en el uso de los recursos del Estado en la pasada
contienda electoral que lo llevó a él a la presidencia de la República.
No mencionó, una sola
vez, la palabra corrupción y no podía hacerlo pues a su lado estaba Leonel
Fernández que propició en los últimos 8 años, el gobierno más corrupto del que
se tenga noticias.
No dijo nada del
irresponsable endeudamiento externo que ha hipotecado el país y con el que se
mantiene artificialmente la estabilidad macroeconómica, y no podía hacerlo pues
él seguirá esta política de endeudamiento.
Nada dijo de las
políticas neoliberales que han privatizado los servicios públicos y que han
llevado a la quiebra a millares de productores nacionales, concentrado la
riqueza y reproducen la pobreza, la marginalidad y la exclusión social.
Podríamos mencionar
muchas otras ausencias.
La verdad es que este
fue un discurso concebido en una retórica que tenía por objetivo despertar las
esperanzas perdidas por la ciudadanía luego del vendaval de los 8 años de
desgobierno de Leonel Fernández y su equipo gubernamental.
Y debemos decir, que
aunque de forma tímida, por momentos logró despertar la ilusión en segmentos
poblacionales importantes.
Así pasó al anunciar
que cumplirá con lo que dispone la ley, de invertir el 4% del PIB en el sistema
educativo público, o su compromiso de acabar con el analfabetismo en los
primeros dos años de gobierno.
Igual su referencia a
la equidad de género como un eje transversal de las políticas públicas.
Su compromiso de crear
400 mil empleos dignos o haber empeñado su palabra con una significativa
reducción de la muerte materna e infantil.
Pero entonces sucedió
que toda esa esperanza se derrumbó al conocer los nombres de los nuevos
incumbentes de su gabinete de gobierno.
La sonrisa de alegría
se fue convirtiendo en una mueca de frustración al comprobarse que Danilo
Medina incumplía su palabra de corregir lo que está mal, al ratificar o
simplemente trasladar a la mayoría de los ministros de Leonel Fernández,
responsables de estos dos malos gobiernos.
Grande fue la
desilusión al comprobarse que fue incapaz de hacer lo que nunca se hizo:
nombrar un gabinete con paridad de género.
En esta primera y
crucial prueba, una vez más, Danilo Medina, lejos de marcar la diferencia,
prefiere no tocar la estructura de poder de Leonel Fernández.
Una vez más, Danilo
Medina pacta con Leonel Fernández y su equipo de corruptos, antes que asumir
una agenda de ruptura de cara a las aspiraciones ciudadanas.
Danilo Medina antes de
las 24 horas gobernando y ya preside un gobierno viejo.
Ya mucha gente
sentenció su gobierno como “más de lo mismo”.
El pueblo
dominicano no debe albergar grandes expectativas del gobierno de Danilo Medina.
Danilo Medina es un
presidente atrapado en las redes de intereses que lo llevaron al poder.