Como si se tratara de un “signo fatal”, las luchas internas en el Partido Revolucionario Dominicano han sido una constante previo a cada proceso electoral y posterior al mismo.
Y la peor crisis no es la que se vive ahora; hubo otras que resultaron fatales para esa significativa y democrática organización vital para la democracia nacional.
Para mi, la peor crisis del PRD fue el encontronazo entre José Francisco Peña Gómez y el licenciado Jacobo Majluta por la candidatura presidencial para las elecciones del 1986.
Se creía que el expresidentes Balaguer no tenía ninguna posibilidad de ganar unas elecciones otra vez. ¡Craso error!.
Basados en ese errado criterio, la gente alrededor de José Francisco Peña Gómez, con el licenciado Hatuey D’Camps que había llegado “el tiempo de Peña”. ¡Otro error! Otros creíamos que aún no era ese tiempo y que la oportunidad de Peña Gómez sería en el 1990 cuando Balaguer y Bosch tendría cuatro años más de vida y les resultaría cuesta arriba lidiar en un nuevo proceso electoral. No sabemos si también fue un error.
Los peñistas respondían que si se dejaba pasar a Majluta éste se reelegiría tanto como pudiera y que Peña Gómez se quedaría para siempre en la gatera, o como “perico en la estaca”.
Creo que Majluta, en efecto, tenía intenciones de reelegirse en el 1990, pero eso se podría corregir con un acuerdo de apoyo por parte de Peña Gómez a Jacobo, lo que le impediría sus aspiraciones reeleccionistas a Jacobo y la esperada oportunidad de Peña.
Se puede hacer una lista larga de quienes daban cuerda a Peña Gómez para que no cediera aún después de la accidentada convención del hotel Concord.
Cuando se vino a entender la necesidad de un acuerdo ya era tarde…Peña Gómez me visitó en el diario La Noticia, de entonces, y me pidió que interviniera ante Jacobo para ir como candidato vicepresidencial en una fórmula Jacobo-Peña.
La respuesta de Jacobo fue descorazonadora, a tal punto que preferí no dársela a Peña Gómez.
La división se consolidó así como también la derrota del PRD y de Jacobo Majluta.
(Y si hoy Danilo es presidente electo de la República Dominicana es precisamente porque aprendió de esa dolorosa experiencia y se mantuvo confiado en su partido).
Después del fracaso de Hipólito en ganar las elecciones pasadas, creo que ha sido un grave error cargar la derrota a lo que hizo o dejó de hacer el ingeniero Miguel Vargas Maldonado.
Ya en mi artículo del domingo pasado expliqué esa situación y ahora debo recordar que no fue precisamente con la anuencia o respaldo de don Antonio que Salvador Jorge Blanco ganó las elecciones del 1982.
Los cuadros agitadores del PRD –que siempre los ha habido y Hugo Tolentino Dipp sabe bien de eso-, deben pensar en la unidad y salud de su organización.
Comprender que la vida no comienza ni acaba con Hipólito Mejía y observar que Manuel López Obrador, con 80 años de edad, es el candidato presidencial otra vez del Partido de la Revolución Democrática de México. A Hipólito, si se administra bien, aún le queda tiempo. Eso dependerá de cómo maneje sus opciones.
El otro gran líder del PRD – al menos por ahora- es el ingeniero Miguel Vargas Maldonado.
Ambos pueden y deben establecer una política de “cohabitación” que permita la unidad interna de su organización y convertirla en un ariete efectivo para el cambio político en las elecciones del 2016.
Ninguno ganaría nada con el pleito y juntos los dos podrían ser gananciosos en una u otra proporción.
¿Es tal difícil comprender un asunto tan sencillo, o es que se debe recurrir al clásico ejemplo de las flechas que una a una es fácil de quebrar, pero que juntas resisten cualquier fuerza?.
Bien ha dicho Hipólito que el movimiento de represalias actual no es para expulsar a nadie-aunque ya están expulsando- pero no aclaró para qué es ese movimiento.
Yo me quedaría en el criterio de que “no es para expulsar a nadie” y de el paso necesario es la reconciliación teniendo en cuenta que hay cuatro años por delante para conjurar a los diablillos chismosos que corroen como termitas el sólido cuerpo del bosque de “los viejos y nuevos robles” de esa organización.
El peligro grave para el “buey que mas jala” no es Leonel Fernández, Danilo Medina o el PLD.
El peligro estriba en esa enfermedad crónica que padecen a lo interno y que tiene un nombre sentenciado por “el joven y fogoso líder”: El PRD Unido, Jamás será Vencido”. ¿Es tan difícil entender una sentencia tan fácil?