Sin velatorio, plegarias ni flores, pero con el clamor de justicia bajo el evidente dolor de sus padres, fueron sepultados ayer de tarde los restos del niño Rafael Eduardo Jourdain, el pequeño de 4 años que fue asfixiado y su cuerpo encontrado a orillas del río Isabela.
El hombre, de contextura fuerte y alta estatura, que desde tempranas horas de la mañana gestionaba el sepelio de su hijo, no tenía fuerzas para sostenerse de pie.Y su madre, Miguelina Jourdain, pedía de justicia. Su frágil figura mostraba el sufrimiento que dijo sentir desde la desaparición de su pequeño, el 14 de abril.
El último adiós del pequeño Rafael Eduardo se dio desde un cementerio a otro. El cuerpecito no fue expuesto en funeraria ni en su casa, ante el estado de descomposición en que fue encontrado, y el proceso de experticias al que fue sometido, según explicó la madre.
Pasadas las 9:00 de la mañana, los padres, junto a su vecina Virginia Ortíz, fueron al Instituto de Patología Forense a retirar el acta de defunción, luego fueron a comprar el ataúd, después a retirar el cadáver a la morgue del Instituto de Ciencias Forenses del Cementerio Cristo Redentor, y finalmente al cementerio de la avenida Máximo Gómez, donde fue sepultado.